¿Es Pecado Ser Rico?

Artículo publicado en “El Precursor” de la Iglesia Católica de Tibás, San José Costa Rica.

¿Es Pecado ser Rico?

Hace algunos días, un obispo en el Vaticano mencionó, a un medio de prensa, los pecados que él consideraba como los nuevos pecados capitales; dicha mención generó alguna pequeña polémica en la prensa internacional. He querido mencionarlos en este artículo para desarrollar el tema.

Los nuevos pecados capitales, enumerados por Gianfranco Girotti, son los siguientes:

  1. No realizarás manipulaciones genéticas.
  2. No llevarás a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones.
  3. No contaminarás el medio ambiente.
  4. No provocarás injusticia social.
  5. No causarás pobreza.
  6. No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común.
  7. Y no consumirás drogas.

Me referiré a los directamente relacionados con el título del artículo a saber, los números 4, 5 y 6.

Para iniciar, es conveniente preguntarse, ¿tiene respuesta la pregunta planteada en el título?, es decir ¿es en realidad pecado ser rico? (podrías entender como rico aquel que dispone de los suficientes bienes materiales y económicos para vivir con cierto nivel de comodidad), aún más, qué pasa cuando se ha llegado a ser rico mediante el trabajo honesto y el talento que se posee como persona.

 

Para dar respuesta a la consulta, es interesante mencionar un extracto del artículo publicado en el Eco Católico (Es el periódico de la Iglesia Católica de Costa Rica), el día 6 de abril (2008) y del cual tomé prestado el título: “Si el rico logra desapegarse de los bienes materiales, y a partir de su riqueza propicia solidariamente mejores condiciones de vida para los menos favorecidos, se acerca al plan de Dios, mientras que si el pobre se aferra idolátricamente a lo poco que tiene, se aleja del designio divino. No se trata de una valoración por la cantidad de bienes que se posean, sino de la actitud que cada quien asuma frente a ellos”.

El padre Emilio Garreud, profesor de Doctrina Social de la Iglesia, indica al respecto: El pecado está precisamente en que el destino universal de los bienes (pilar de la Doctrina Social de la Iglesia, por el cual se defiende que Dios ha puesto los bienes en el mundo para todos los hombres y mujeres), que debieron ser para todos, quedan en manos de unos cuantos que los acaparan para su provecho personal. Que muchos lo han ganado sin haberle robado a nadie es cierto, pero el problema no está ahí, sino en que la abundancia los lleve a ser insensibles ante el drama del pobre, como en la parábola del rico Epulón, que no explota ni le roba a nadie, pero cae en la insensibilidad ante la pobreza que los rodea. En otras palabras, quien no es sensible ante las realidades de los otros o utiliza su fortuna solo para el beneficio personal, sin darle una función social, está cometiendo un pecado”.

A partir de lo indicado por ambos artículos, la respuesta a la pregunta planteada es: NO. Sin embargo, es muy importante seguir profundizando en lo señalado por ellos en cuando a la posesión de los bienes materiales. Juan Pablo II, en sus encíclica Sollicitudo Rei Socialis, nos indica que “Tener objetos y bienes no perfecciona de por sí al sujeto, si no contribuye a la maduración y enriquecimiento de su ser, es decir, a la realización de la vocación humana como tal”.

El mismo padre Garreud manifiesta al respecto: “Es un hecho también que habrá muchos ricos que se salven y pobres que se condenen, si hay ricos que hacen de su riqueza un beneficio para los demás, se salvarán, pero si hay pobres que hacen de lo poco que tienen una idolatría, no se salvarán. El tema no es lo que se tiene o no, sino la actitud que se asume frente a los bienes que se tienen”.

Como complemento a lo anterior, retomo las palabras de Monseñor Sanabria de hace más de 60 años (Fue Obispo de Costa Rica), en su carta Pastoral sobre el Salario Justo, en donde explica la necesidad de hacer un uso correcto del salario que obtenemos por nuestro trabajo: “Desde luego comenten injusticia o aumentan la insuficiencia de los salarios, los trabajadores que, o emplean en vicios lo que estaba destinado al mantenimiento de los suyos, o que gastan en lujo o en cosas inútiles o menos útiles el fruto de su trabajo. Juzgamos, por muchas indicaciones, que esta es otra de las graves y más generalizadas causas de la insuficiencia del salario de nuestros trabajadores, y del estado de miseria en que vegetan muchas familias. Y así como se habla de injusticia en el pago de los salarios, bien puede hablarse de injusticia en el gasto de los mismos; injusticia contra sí mismos y contra sus familias de parte de los trabajadores, y también injusticia contra la sociedad, porque también el salario tiene una misión social que cumplir”.

Y para aquellos que, en no pocas ocasiones se sienten desmotivados ante la indiferencia de las personas, a pesar del esfuerzo que ponen para tratar de ofrecer las enseñanzas de la Iglesia, Monseñor Sanabria nos dice: “Digámoslo con franqueza, durante muchos años la doctrina social de la Iglesia permaneció ignorada por los más, y hasta causó no poco escándalo, mejor dicho desilusión, cuando recientemente llegaron a conocerse los grandes alcances es esta doctrina, Se pensó que la misión única de la Iglesia en estas manterias era predicar la conformidad a los pobres, o bien recomendar tan solo el cumplimiento de los deberes de caridad, a los que buenamente quisieran cumplirlos. La doctrina católica, sin embargo ha enseñado siempre que, en la solución de de la cuestión social, han de entrar la justicia y la caridad y precisamente en orden enunciado, y que justicia sin caridad es injusticia y caridad sin justicia es egoísmo”.

Saludos y éxitos

José J Zúñiga Soto
Totalmundi

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